Mostrando entradas con la etiqueta mama. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mama. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de julio de 2012

La depilación durante el embarazo.

Las hormonas del embarazo como la progesterona afectan también al crecimiento del vello corporal.
Por lo general, durante el embarazo las piernas tienen menos vello y la depilación dura más tiempo.
Sin embargo, algunas mujeres embarazadas notan más vello facial y en la línea negra del abdomen.
Es mejor no depilarse este exceso de vello, pues de lo contrario saldrá con más fuerza.
Suele desaparecer casi siempre después de tener al bebé.
Si estás embarazada, escoge el método de depilación más inocuo y menos agresivo para la circulación sanguínea y para tu piel, que durante esta etapa experimentan numerosos cambios para mantener el embarazo.
Si estás pensando en la depilación definitiva, conviene que la dejes para después del parto.
Cera durante el embarazo
La cera caliente está contraindicada, salvo en las axilas, ya que puede favorecer la aparición de varices, una molestia frecuente en el embarazo debida a la progesterona (la hormona del embarazo).
Es mejor utilizar cera fría, aunque el tirón puede afectar también a las paredes venosas.
Aparatos caseros de depilación eléctrica
Este método no tiene ninguna contraindicación, ya que estos aparatos no afectan a las paredes venosas.
Pueden, sin embargo, resultar algo dolorosos, ya que extraen el pelo desde la raíz y la piel de la embarazada suele estar más sensible.
Cremas depilatorias
No existen estudios serios sobre sus efectos durante el embarazo. Parece que son inocuas si se utilizan ocasionalmente sobre zonas poco extensas de vello.
Métodos de depilación definitiva
Los métodos de depilación definitiva como el láser están contraindicados hasta que no existan más datos sobre sus efectos en el embarazo.

lunes, 2 de julio de 2012

Uso de fórceps o ventosas en el parto

El fórceps y la ventosa obstétrica son herramientas que se emplean para ayudar a la expulsión del bebé, en partos prolongados o que presentan alguna otra complicación. Sólo pueden utilizarse cuando la cabeza del feto ha descendido al canal del parto y si existen evidencias de sufrimiento fetal.

FÓRCEPS

El parto asistido por fórceps se realiza durante la fase de expulsión, cuando el cuello del útero está completamente dilatado y la cabeza del feto se encuentra en el canal del parto.
Los fórceps son una especie de pinzas grandes que se encajan a los lados de la cabeza del bebé, a la altura de las orejas. Los médicos suelen ayudarse con estas pinzas cuando la cabeza del feto no consigue seguir descendiendo por la pelvis de la madre, o cuando el bebé se presenta de nalgas o en posición posterior.
También se utilizan cuando las contracciones son demasiado débiles y en aquellos casos en los que la mujer ya no tiene fuerzas para seguir empujando, al final del parto.

VENTOSA OBSTÉTRICA

La ventosa obstétrica se utiliza en ocasiones como alternativa al fórceps. Las ventosas funcionan como un aspirador. El médico introduce la ventosa hasta fijarla en la cabeza del feto y, ayudado por las contracciones, va sacando el bebé hacia el exterior.
Al igual que los fórceps, las ventosas sólo se utilizan durante la fase de expulsión y sólo cuando existen evidencias de sufrimiento fetal o en el caso de prolongación excesiva del periodo expulsivo.

domingo, 27 de mayo de 2012

La leche materna protege frente al VIH

Científicos del Duke University Medical Center en Durham (Estados Unidos) han descubierto que la leche materna puede generar anticuerpos neutralizantes que permitan inhibir el VIH, según los resultados de una investigación que publica en su último número la revista PLoS One.

El VIH se puede transmitir de madre a hijo a través de la lactancia materna, aunque esto sólo acaba sucediendo en uno de cada diez casos, algo «relevante porque los lactantes están expuestos varias veces al día a la leche durante su primer año de vida.

Ésta fue la causa que llevó al equipo a investigar la leche materna para ver si había en ella «alguna respuesta inmune que protegía al 90 por ciento restante». Para ello, reclutaron en Malawi a un grupo de madres lactantes con VIH y aislaron en su leche los anticuerpos de las células inmunes, los llamados linfocitos B, y observaron que eran capaces de producir anticuerpos neutralizantes contra el VIH en la mucosa.
«Este trabajo da las pautas de lo que una vacuna debe hacer para proteger a los bebés». Asimismo, también pueden ayudar a los investigadores a combatir la transmisión entre adultos, ya que han observado que los anticuerpos de la leche materna «también pueden obtenerse de otros tejidos», como el tracto gastrointestinal o el tejido vaginal.

Vía.ABC.es

domingo, 6 de mayo de 2012

La delgadez, un problema para tener un embarazo tranquilo.

Altura: 1,68 cm. Peso: 52 kilos. Parecen unas medidas ideales, por las que cualquier mujer firmaría. Pero tan bonita figura puede suponer tener un embarazo de riesgo, con la necesidad de más control ginecológico y tomar precauciones en el parto, como ha señalado recientemente un estudio del Hospital Universitario Virgen de las Nieves de Granada difundido por la agencia SINC.
El trabajo pone el foco de atención en la parte menos conocida de la influencia del peso en la fertilidad. Mientras que son muchos los estudios epidemiológicos que a lo largo de los años han demostrado que las mujeres con sobrepeso y obesidad tienen peores embarazos y dan a luz a niños con un mayor riesgo de mortalidad perinatal, acidosis o macrosomía fetal, es realmente desconocido el efecto de un IMC por debajo de 18,5 en mujeres gestantes.
Para estudiar sus efectos, el equipo analizó el embarazo de 3.016 mujeres, analizando su peso en la primera visita al ginecólogo tras el embarazo: el 86,1% tenía un peso normal, el 8,3% obesidad y el 5,5% delgadez extrema. Curiosamente, como describen en su artículo en 'The Journal of Maternal-Fetal and Neonatal Medicine', las mujeres más delgadas eran de media significativamente más jóvenes que las que presentaban un peso normal u obesidad, entre cuyas edades no había diferencia.
La mayor sorpresa en las más delgadas viene dada por una complicación de nombre imposible, los oligohidramnios, que indica una reducción del líquido amniótico en la recta final del embarazo. "Cuando la mujer está muy delgada suele ser porque come poco, por lo que el feto se alimenta poco dentro de útero y orina menos. Puesto que el líquido amniótico está constituido esencialmente por la orina del feto, es lógico que éste vaya disminuyendo".
Los oligohidramnios son un factor de riesgo en el embarazo y tienen una prevalencia en la población normal de alrededor del 3%. En la población analizada por el equipo, se observaron en el 3,6% de las mujeres con peso normal, el 4,4% de las obesas y el 8,3% de las excesivamente delgadas. Según la literatura médica, las mujeres con embarazos con oligohidramnios tienen más riesgo de dar a luz fetos muertos, más riesgo de que el bebé tenga que ser ingresado en la UCI y otras complicaciones.
"Lo que hay que saber es que con una mujer extremadamente delgada nos movemos con factores de riesgo". Por lo tanto, “es fundamental establecer un "protocolo de control y vigilancia".
Esto se traduce, en primer lugar, en que hay que cambiar el régimen de vigilancia. Mientras que lo habitual en la sanidad pública, explica este especialista, es prácticamente una visita por trimestre y una última cuando se cumple la fecha prevista de parto, en el caso de las mujeres muy delgadas "habría que intercalar un par de visitas más, sobre todo en la recta final del embarazo, para vigilar el crecimiento del feto". En segundo lugar, hay que hacer mucho hincapié en que estas mujeres sigan una dieta adecuada, que implica no bajar nunca de las 1.500 calorías, algo que puede no ser fácil para una persona con un IMC menor de 18,5. "Hemos de insistir, sobre todo, en que la alimentación sea variada y recomendar también suplementos vitamínicos y hierro".
Por último, los autores insisten en su estudio en que los ginecólogos han de concienciarse de la importancia de calcular el IMC de toda mujer embarazada o, lo que es lo mismo, no dejar que una bonita figura haga pasar por alto un factor de riesgo.

domingo, 5 de febrero de 2012

Comer pescado en el embarazo mejorar la capacidad intelectual de los bebes.

Son conocidos los beneficios del pescado en la dieta, y especialmente en la dieta de la futura mamá. Según un estudio reciente de la Universidad de Granada, entre otras cosas, comer pescado en el embarazo mejorar la capacidad intelectual de los hijos.
Han observado que los nacidos de mujeres que consumieron más pescado durante el embarazo obtuvieron mejores resultados en las pruebas de inteligencia verbal, habilidades de motricidad fina y una mejor conducta prosocial.
Para ello han analizado los ácidos grasos de cadena larga de las series omega-3 y omega-6 en muestras de sangre de más de 2.000 mujeres a las 20 semanas del embarazo y del cordón umbilical de sus hijos en el momento de nacer. Han visto que hay una mayor contribución a la síntesis de ácidos grasos de cadena larga de la serie omega-6 por parte del feto de lo que se esperaba y que la cantidad de ácido docosahexaenoico (DHA) suministrada al feto por la madre a través de la placenta podría ser muy importante.
Por tanto, el consumo de pescado en el embarazo favorece el desarrollo cerebral del bebé, así como psicomotor y un mejor desarrollo de las habilidades sociales.
Los efectos de la ingesta de pescado en el embarazo en el rendimiento mental de los niños son indiscutibles, por tanto no puede faltar en la dieta de la embarazada, pero siempre con moderación y eligiendo las especies que presentan menor concentración de mercurio.
Los pescados más recomendables para las embarazadas son el atún blanco (y atún en lata), el salmón, las sardinas, los arenques, la caballa, boquerón o bocarte, salmonete, anguila, jurel o chicharro común, verdel, palometa, trucha marina, cazón, y en cuanto a pescados blancos: merluza, pescadilla, rape, cabracho, lenguado, gallo, bacalao fresco… Evitar el atún rojo y el pez espada, así como la panga y la perca por las altas dosis de mercurio detectadas en estas especies.

Vía.Universidad de Granada.

El corazón durante el embarazo

Todo el cuerpo de la mujer se transforma durante la gestación, y el corazón no es una excepción. Durante el periodo del embarazo, aumentan las demandas de trabajo para el corazón debido al incremento de volumen sanguíneo en el organismo de la mujer.
El gasto cardiaco (volumen de sangre que bombea el corazón por minuto) crece alrededor del 50%. Al final del embarazo el útero recibe la quinta parte del volumen sanguíneo total. Como consecuencia, la frecuencia cardiaca, el número de latidos por minuto, aumenta en reposo. Pasa de 60-70 pulsaciones/minuto a 80-90. La tensión arterial suele disminuir.
Todos estos cambios fisiológicos se producen para mantener la viabilidad del embarazo y el feto y exigen que el cuerpo de la mujer esté lo mejor preparado y lo más sano posible.
Generalmente, el corazón de la mujer está preparado para afrontar esta situación de cambios por lo que el corazón soporta bien esta sobrecarga, que incluso se cree que puede resultar beneficiosa, ya que los cambios cardiovasculares registrados durante la gestación se asemejan a los ocurridos en los deportistas.
El embarazo podría suponer una especie de entrenamiento tras el cual la mujer quedaría más preparada para resistir en el futuro situaciones perniciosas para el corazón.
Aunque en algunas ocasiones se pueden producir complicaciones como cardiopatías, cardiopatías congénitas o la rara enfermedad de la miocardiopatía periparto.
Para ayudar al buen funcionamiento del corazón durante el embarazo la mujer ha de controlar la tensión arterial, ya que existen mujeres que por naturaleza tienen la tensión alta de manera habitual.
Una vida tranquila, eliminar el estrés, hacer ejercicio moderado, reducir el consumo de sal y de grasas, evitar sustancias perjudiciales estimulantes como café y tabaco… son medidas que previenen un aumento de presión cardiaca y conseguirá que tu corazón funcione correctamente.

domingo, 22 de enero de 2012

Clases de preparación para el parto.

El embarazo es un proceso natural que la mujer experimenta y que le supone cambios, tanto físicos como psíquicos, inevitables y de manera precipitada.

frente a estos procesos tienes que priorizar aquello que puede mejorar: el estilo de vida. Este condicionará enormemente la salud durante el embarazo, el parto y el posparto, y sobre todo la nueva vida que llevaremos al mundo.

Tanto los cambios físicos como los mentales sufridos durante la gestación están causados por cambios hormonales desencadenados desde el momento en que se produce la unión entre el óvulo y el espermatozoide.

Las actividades cotidianas que antes del embarazo se convierten en costosas y pesadas a medida que avanza la gestación. Tanto el trabajo, como el estrés y el ejercicio pueden influir en el estado de tu futuro hijo. Por lo tanto, es importante llevar una vida lo más saludable posible incluyendo un buen descanso.

Un buen control en el embarazo es básico para poder diagnosticar posibles trastornos que precisen de alguna atención especial. En el parto es importante saber realizar una buena respiración para que el oxígeno pueda llegar sin dificultades al futuro bebé. Hay que tener en cuenta que le separan muy pocos centímetros del mundo exterior pero a través de un largo y costoso camino.

Las clases de preparación al parto aportan beneficios tanto durante el embarazo, en el parto y en el posparto. Antes del parto conviene que la mujer se encuentre en buena forma física, por ello la gimnasia es uno de los pilares de las clases. Permite mantener un buen tono muscular y esto beneficiará durante el parto y en el posparto, ya que muchas mujeres después del parto sufren flacidez en los músculos del cuerpo.

Durante los cursos se informa de cómo es todo el proceso de parto, cómo sabe una madre que está de parto y la manera como afrontar este acontecimiento. Es importante no descontrolarse en estos momentos, especialmente cuando ya falta poco para el nacimiento.

Por otro lado, estos cursos preparatorios sugieren mediante consejos cómo educar el hijo, como cogerlo en brazos, la salud, los controles que debe llevar el niño, las vacunas, etc.…

Estas clases afectan de manera positiva al feto. Aunque no se sabe exactamente por qué, una buena explicación podría ser que la futura mamá está menos estresada por la mayor información que recibe de los cursos, por la mejor forma física en que afronta el momento del parto, lo que permite una mejor oxigenación para el bebé que va a nacer.
Los cursos pueden ser impartidos por profesionales de diferentes especialidades como son las matronas, ginecólogos, ATS, pediatras, puericultoras, psicólogos... Constan de clases teóricas, clases prácticas, clases de gimnasia y clases de puericultura.

Las clases teóricas están basadas en enseñar las diferentes fases del embarazo y el parto. Los psicólogos aconsejan y enseñan los conceptos básicos de educación y cómo establecer vínculos afectivos entre padres e hijo. También se realizan clases prácticas con ejercicios de relajación para aprender a respirar y descansar.


Los cursos deben empezar al quinto mes de embarazo con el fin de asumir paulatina y consecutivamente todos los conceptos del bienestar tanto de la madre como del feto.

No todos los cursos que se imparten actualmente son iguales y existen diferentes métodos o escuelas. Por ello es importante seleccionar un buen curso que incluya los temas básicos para llevar un buen control y un estilo de vida saludable.

La pareja es una parte vital y necesaria en estos cursos, ya que aprenden consejos sobre puericultura que no son exclusivos de la madre. De esta manera, le ayuda a entender los cambios tanto físicos cómo psíquicos que la mujer sufre, y a poderla apoyar en todo el proceso del parto.

Las parejas no deben terminar los cursos sin haber resuelto todas las dudas que vayan apareciendo. Cuanta más información se obtenga en éstos, mejor se podrá aprovechar ese momento dulce de la vida.

¿Cómo te pueden afectar los cambios físicos tras el embarazo?

La llegada del bebé supone innumerables cambios en la vida de toda la familia, pero sobre todo de la madre. Se tiene que enfrentar a un cambio radical en su vida: baja maternal; constante cansancio físico por la gran atención que demanda el bebé; ajustar su vida al horario de comidas y sueño del pequeño, etc.
Lo normal es que te sientas cansada y que la vida esté un poco desorganizada cuando regresa del hospital, pero tras unas semanas estarás más fuerte y volverá a controlar perfectamente la situación. Es cuestión de tiempo. Necesitaras recuperarse del parto, sobre todo si han tenido que practicar una cesárea.
Tras nueve meses de embarazo, la figura ha cambiado, necesita tiempo para recuperarse y volver a su estado natural. Algunas mujeres ven mermada su autoestima debido al deterioro físico que sufren después de un embarazo y la lactancia. No se sienten atractivas físicamente y creen que pueden ser rechazadas por sus maridos.
Las mujeres se encuentran con una silueta diferente a la que tenían antes del embarazo. Normalmente la cintura está más ancha, el pecho es más voluminoso, la barriga todavía está hinchada y aún cuentan con unos kilos de más. Esto, evidentemente, no es del agrado de ninguna mujer y puede hacer que se sientan inseguras y desconcertadas, pero en la mayoría de los casos es tan sólo cuestión de tiempo y con un poco de ejercicio físico, su figura vuelve a su estado natural.
Dar el pecho al bebé ayuda a la involución del útero y acelera la recuperación de la figura de la madre.
No es lo habitual, pero es cierto que algunas mujeres se encuentran con un cuerpo con cambios. Nos referimos, sobre todo, a aquellos casos en los que durante el embarazo se forma estrías en el abdomen y, en ocasiones también en el pecho.
Las estrías son el resultado del rompimiento de las fibras elásticas de la piel. Cuando la piel se estira, las fibras con menos elasticidad se rompen creando marcas a las que llamamos estrías.
Para recuperar la figura es necesario combinar ejercicio físico y una dieta saludable. Durante la lactancia no debemos hacer dieta, pero sí podemos llevar un control de los alimentos que tomamos, evitando los alimentos ricos en azúcares simples y grasas como dulces o bollería. También debemos reducir el consumo de las grasas, sobre todo las saturadas, y moderar la ingesta de fritos y empanados. Es aconsejable beber al menos dos litros de agua al día, cocinar los alimentos a la plancha o hervidos, consumir frutas y verduras, y preferiblemente pescado en vez de carne. Esto nos ayudará a reducir esos kilos demás sin la necesidad de hacer dieta.
Con respecto al ejercicio físico, debe iniciarse tras la cuarentena y empezar poco a poco, de forma moderada. Según vayamos recuperando la forma física iremos aumentando la frecuencia y la intensidad. Pasear y nadar son ejercicios que favorecen mucho la recuperación de la figura. Cuando hayan transcurrido de tres o cuatro meses se podrá empezar a hacer ejercicios más específicos como abdominales o fortalecimiento de glúteos o de pecho. Lo ejercicios de fortalecimiento del pecho sólo se podrán realizar si se ha dejado de amamantar al bebé.

Web para conocer la frecuencia del nombre de tu bebé

Buscando y buscando por Internet hemos encontrado esta herramienta del INE (Instituto Nacional de Estadística) que sirve para conocer la frecuencia del nombre de tu bebé.
A la hora de elegir el nombre del bebé, una de las cuestiones que más preocupan a los padres es la exclusividad. A algunos no les importa y por el contrario, buscan los nombres más comunes.
Tanto para unos como para otros, o por simple curiosidad, esta herramienta del INE para conocer la frecuencia de los nombres de los residentes en España os resultará muy útil.
Permite conocer la frecuencia del nombre por provincia de residencia, por década y provincia de nacimiento, y por nacionalidad. Cuando ponemos el nombre, nos indica además la edad media de las personas que tienen ese nombre a nivel nacional.
Sólo se muestran los nombres cuya frecuencia sea mayor o igual a 20 para el total nacional o 5 por provincia. O sea que si es muy exclusivo, lo mismo ni siquiera aparece el nombre.
Por si todavía queréis saber más sobre los nombres más elegidos por los padres en los últimos años en España, tenéis disponibles tablas de frecuencias de nombres a nivel nacional, por provincias, por fecha de nacimiento y provincia, y por nacionalidad.
La herramienta del INE para conocer la frecuencia del nombre de tu bebé que podéis consultar en este enlace es un recurso que os vendrá muy bien si estáis buscando un nombre para el bebé.

sábado, 21 de enero de 2012

Gadgets para embarazas

Hay multitud de gadgets de última generación que proporcionan información detallada sobre la fertilidad y el embarazo, por ejemplo, la prueba de embarazo vía usb (PTeq-USB pregnancy test). Las muestras de esta prueba se llevan al PC vía usb y se analizan hormonas como la LH (hormona luteinizante, que detecta la mayoría de los días fértiles) gracias a la base de datos y el sofware que posee. Si es resultado es positivo, aparece la carita de un bebé en la pantalla para darte la feliz noticia.

Siempre se ha dicho que la música estimula el crecimiento y desarrollo del feto, además está comprobado científicamente que así es, por eso existe ya un cinturón musical que se pone en torno a la tripa de la madre y cumple esa función. Se llama Ritmo Prenatal y se puede conseguir en la red.

Otro gadget para embarazadas geek es está báscula sin números. Tiene unos divertidos dibujos de una mujer que va pasando de su peso habitual al de una embarazada de 9 meses. Solo hay subirse en ella y contemplar la flecha que mide el 'grado' de embarazo. Cada marca de color representa unos 9 kilos más o menos así que una puede hacer un cálculo rápido.

Diario para el embarazo de Moleskine

El diario del bebé es uno de los tesoros mejor guardados por las mamás. Por eso tal vez os interese el diario del bebé de Moleskine, un clásico en el mundo de las agendas.
Tiene el tamaño clásico por lo que es ideal para llevar en el bolso e ir apuntando día a día las novedades desde el comienzo del embarazo hasta los dos primeros años de vida del bebé.
Contiene seis secciones temáticas para rellenar, más otras seis con pestañas para personalizar. Incluye espacio para elaborar listas de tareas, listas de deseos, tablas de crecimiento, tablas de alimentación, momentos especiales, salud y cuidados del bebé, así como más de doscientas etiquetas adhesivas para personalizar el diario.
Su precio: 19 euros.

Aplicaciones para el embarazo de Android

Si tu móvil es Android, aquí tienes una web en la que encontrarás un montón de aplicaciones para disfrutar de tu embarazo a tope.

. Woman Toolbox, entre otras cosas, calcula tus días más fértiles del mes, predice si será niño o niña, el tipo de grupo sanguíneo, su altura...

. GiaMamma te permite seguir día a día la evolución de tu embarazo y, después, el crecimiento de tu hijo. También predice tus días más fértiles.

. Pregnancy Diary te permite elaborar tu propio diario de embarazada, con fotos incluídas.

¿Qué es la dilatación?

Se llama dilatación a la abertura del cérvix o cuello del útero, aunque genéricamente nos referimos a la dilatación como al periodo del embarazo o del parto que precede inmediatamente al expulsivo del feto.
La dilatación puede inducirse farmacológicamente cuando, por interés materno o fetal se decida terminar un embarazo, aunque lo común es que ocurra de manera espontánea sin intervención médica.
Normalmente la dilatación suele ir precedida o ser simultánea a la expulsión de tampón mucoso, y se puede acompañar de la rotura de la bolsa amniótica (ver el capítulo "romper aguas"), en cuyo caso la mujer debe acudir a un centro hospitalario para valoración por parte de la matrona o el médico.
La dilatación en sí es un proceso que pasa inadvertido para la gestante, pero se suele acompañar de otros sucesos que sí son percibidos por ella, como:
- La expulsión del tapón mucoso: Se trata de la salida de una sustancia gelatinosa que en la mayoría de las ocasiones va acompañada de trazos hemáticos o pequeña hemorragia. Es la causa más frecuente de hemorragia en las últimas etapas del embarazo que se produce por la rotura de pequeñas venas al iniciarse el proceso de dilatación y borramiento del cuello uterino, es por tanto signo de la inminencia del parto. Suele estar acompañado de molestias sacrolumbares y abdominales, con menos frecuencia de contracciones, aunque si estas aparecen serán de carácter irregular.
- Inicio de las contracciones uterinas del parto, que son más fuertes, rítmicas, frecuentes y dolorosas que las prodrómicas.
- Rotura de la bolsa: aunque puede preceder al inicio de la dilatación, suele tratarse de un hecho un poco más tardío. Consiste, como su nombre indica, en la rotura de las membranas que envuelven al feto en su vida intrauterina. Se percibe por la salida de un líquido claro (el líquido amniótico) por la vagina.
- Descenso del feto a través de la pelvis materna: es un suceso que suele acompañar la dilatación, de hecho es la cabeza del feto, empujada en su descenso por las contracciones uterinas, la que va forzando la dilatación del cérvix.
La dilatación no es un proceso que ocurra en poco tiempo, si no que se va a realizar en una serie de fases:
En la Fase latente o inicial del parto, con contracciones leves o indoloras el cérvix se dilata hasta los 3 cm.
En la Fase de trabajo activo de parto, con contracciones más rítmicas, intensas y dolorosas, el cérvix se dilata desde los 4 a los 7 cm.
En la fase de aceleración rápida, cuando la cabeza está encajada y el cérvix dilata velozmente hasta que permite el paso completo de la cabeza del feto. Aproximadamente se produce hasta los 10 cm.
La duración de estos periodos es variable entre cada mujer y en cada embarazo. En las primerizas suelen ser más prolongados. Por tanto, no deben alarmarse, porque es un periodo que puede alargarse muchas horas. Es una prolongación natural sin daño para tu futuro bebé.

martes, 10 de enero de 2012

Los antojos

El antojo carece en la actualidad de ninguna importancia por lo que hace referencia al embarazo. Antiguamente existía la creencia de que cuando una mujer embarazada deseaba alguna cosa en concreto, especialmente para comer, era porque el bebé de su barriga lo necesitaba. Es decir era considerada como una entidad que reflejaba una situación patológica de estado carencial.
Incluso se puede encontrar alguna abuela que cuenta anécdotas como "una vez en mi pueblo había una embarazada que deseaba para comer pata de jamón serrano pero como eran de una familia humilde no se lo podían permitir. La tradición cuenta que la mujer al parir trajo al mundo un niño que en el muslo tenía una enorme mancha parecida a una loncha de jamón", pues bien, seguramente lo más probable es que se tratase de una simple mancha de nacimiento (nevus) que son relativamente comunes en nuestra sociedad.
En el siglo XXI encontrar alguna explicación científica a este fenómeno ha quedado del todo desestimada (hasta no hace mucho se pensaba que podía ser por un incremento de la hormona HCG, una de las hormonas de embarazo).
El mero hecho de que a una embarazada, en un momento determinado de su gestación, le aparezcan las ganas de comer algún alimento en concreto (fresas con nata, algún tipo de frutas, chocolate, etc. ) tiene la misma explicación que ciertos alimentos que antes de quedar embarazada comía a menudo y le gustaban, dejan de gustarle, e incluso, le pueden llegar a dar asco.
Estos cambios forman parte de las alteraciones fisiológicas que experimentan los sentidos en un ambiente hormonal propicio como es el embarazo. Hay mujeres que experimentan un aumento de la agudeza visual, otras experimentan un incremento importante a la hora de percibir los olores (ya sean olores agradables como también desagradables) otras un incremento en el gusto de los alimentos, y no por esto representa que estas alteraciones traduzcan ningún tipo de entidad patológica ni carencial para el feto.
Desterramos para siempre el papel del antojo como algo importante quedando meramente relegado a una de las muchas curiosidades que experimentan las embarazadas en este momento tan importante de su vida.

domingo, 8 de enero de 2012

El vegetarianismo y el embarazo.

Una dieta vegetariana es aquella que se caracteriza por la no ingesta alimentos de origen animal como carne, pescado o marisco, así como aquellos productos que puedan contenerlos. Existen tres tipos de dietas vegetarianas:

- Lacto-ovo-vegetariana. Las personas que optan por este tipo de dieta consumen cereales, verdura, fruta, legumbres, lácteos y huevos, pero ni carne ni pescado.

- Lacto-vegetariana. Excluyen la carne, el pescado y los huevos.

- Vegana. Es la más estricta. En este tipo de alimentación no tiene cabida ningún alimento de origen animal (carne, pescado, huevos, lácteos...)

Las dos variantes más frecuentes son la lacto-ovo-vegetariana y la vegana, aunque también es cierto que últimamente los especialistas se están encontrando con otro tipo de dietas vegetarianas o casi vegetarianas, como las dietas macrobióticas, que se basan principalmente en el consumo de cereales, legumbres y verduras y, en menor medida, frutas, frutos secos y semillas.

Los nutricionistas aseguran que una dieta vegetariana equilibrada y bien planificada puede tener beneficios para la salud (niveles más bajos de colesterol, menor riesgo de cardiopatías, hipertensión y diabetes tipo 2, etc.) pero ha de suplementarse casi siempre para que resulte equilibrada.
El tipo de vegetarianismo más aconsejable es el lacto-ovo-vegetariano debido a su carácter más completo en el consumo de proteínas y otros aminoácidos esenciales como hierro, calcio, vitamina C, D, B12 y B2, nutrientes importantes que en la vegana resultan deficitarios.


Nutrientes fundamentales.

Durante el embarazo se debe aumentar ligeramente la ingesta de energía, pero no más de 300 kilocalorías al día, nada que ver con "comer por dos" como antes se pensaba. Además, se requerirá un incremento de proteínas, minerales (hierro, calcio, zinc, yodo y magnesio) y vitaminas (ácido fólico, vitamina C y vitamina D) con el fin de conseguir un desarrollo fetal óptimo.

- Con la dieta vegana, la ingesta de proteínas está disminuida, porque aunque incluye proteínas de origen vegetal éstas no son de alto valor biológico porque no contienen todos los aminoácidos esenciales. Además, al rechazar los lácteos, el consumo de calcio será insuficiente.
El déficit fundamental de esta dieta se encuentra en la vitamina B12, que no existe en los vegetales. Su carencia produce anemia perniciosa y alteraciones del sistema nervioso, por lo que será imprescindible una vigilancia periódica de los niveles de vitamina B12 y su suplementación en caso necesario.
Así mismo habrá déficits de hierro, de vitamina D, de calcio y de cinc.

Este tipo de vegetarianas también suelen tener niveles más bajos de vitamina C (naranja, kiwi, fresas, pomelo, melón, coles, pimientos, coliflor, peras...), hierro (almejas, berberechos, mejillones, hígado, cereales integrales, judías, maíz, pepino...) , zinc (carne roja, cerdo, cordero, marisco, huevos, lácteos...) vitamina B12 (carne, el pescado y los productos lácteos) y B2 (nueces, cereales, leche, huevos, vegetales de hoja verde y carnes magras) que las mujeres no vegetarianas, por lo que, en caso de llevar este tipo de dieta, lo aconsejable es que consulten con el ginecólogo desde el principio de la gestación para que les aconseje en cada caso cómo complementar las carencias que pudieran tener.

- En las dietas lacto-ovo-vegetarianas, aunque no toman carne ni pescado, obtienen la mayoría de estos nutrientes necesarios para la salud de la madre y del feto de los lácteos y del huevo. Los niveles de calcio y vitamina D no estarán bajos si se consumen los lácteos suficientes pero si los de vitamina B12 y de hierro.

- Todas las embarazadas sea cuan sea su dieta tendrán que suplementar la dieta con ácido fólico y con yodo; la ingesta diaria recomendada es de 400 microgramos y 200 microgramos, respectivamente.

La vitamina D, que ayuda a la absorción del calcio, también es interesante para las embarazadas, vegetarianas o no. Hay muy pocos alimentos naturales que la contengan, pero se puede obtener a partir de alimentos suplementados, como la leche y sus derivados, y mediante la exposición moderada al sol. Es suficiente con 5 o 15 minutos de exposición solar diaria en la cara, manos y antebrazo para conseguir la cantidad adecuada de vitamina D.
Mejora tus hábitos alimenticios en la gestación.

- Come menos cantidad y más veces al día. Tomar cinco o seis comidas más ligeras al día ayuda a hacer mejor la digestión, evita picos de glucemia y mantiene alimentado al bebé de forma regular y constante.

- Guisa los alimentos de forma sana. Preferiblemente a la plancha, al vapor, al horno o hervido.

- Incluye alimentos integrales como las hortalizas, frutas, legumbres, frutos secos y los cereales y sus derivados integrales.

- Evita las salsas.

- Reduce el consumo de sal.

- Restringe la ingesta de dulces (pasteles, bollería y chocolates), sobre todo industrial, porque se consideran alimentos vacío, carecen de nutrientes necesarios y, sin embargo, contienen alto contenido calórico y gran cantidad de grasas saturadas.

- Limita el consumo de café, té, cola... porque son bebidas que contienen cafeína o teína, sustancias que propician la vasoconstricción. Además, la cafeína disminuye la absorción de hierro y calcio, tan necesarios en el embarazo.

- Hidrátate correctamente. Durante el embarazo se producen una serie de cambios fisiológicos que hacen que se incrementen los requerimientos de agua. De hecho, una mujer embarazada necesita aumentar su ingestión diaria de agua en al menos 300 mililitros con el fin de disponer de la cantidad suficiente para atender la formación del líquido amniótico, el crecimiento del feto y la mayor ingestión de energía que se produce durante el embarazo. El Instituto de Investigación Agua y Salud establece que conviene beber al menos 2,3 litros de agua al día a intervalos regulares cada 4-5 horas. Asimismo, aconseja beber antes de tener sensación de sed, de esta manera se asegurará un óptimo estado de su salud y de la del bebé.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Método para predecir los abortos espontáneos

Una de cada cinco mujeres embarazadas acaba perdiendo a su bebé; esto es, un porcentaje del 20%. Por eso, a la noticia de que vas a ser madre, siempre va unido el miedo a sufrir un aborto. El mayor riesgo se sufre en las primeras doce semanas de gestación; una vez superada esta barrera, la madre respira ya un poco más tranquila y cada vez ve más cerca la llegada de su pequeño.
Hasta ahora no había forma de saber cuál es la probabilidad de éxito de un embarazo. Cierto es que conocemos algunos factores de riesgo, como pueden ser la edad de la madre y su salud, las anomalías cromosómicas del feto, el consumo de drogas y alcohol, el hecho de tener una vida demasiado ajetreada, la alimentación… Pero no dejaban de ser meras hipótesis. Hoy es posible saber con una fiabilidad bastante elevada qué embarazo seguirá adelante y cuál acabará, muy probablemente, en aborto. Un grupo de científicos británicos, ha establecido una serie de variables que pueden medirse de manera relativamente fácil, cuya combinación puede decirnos el grado de éxito o fracaso en relación a un embarazo determinado. Lo han bautizado como ‘PVI’ (Índice de Viabilidad del Embarazo)
Este equipo de investigadores realizó un seguimiento entre 2009 y 2010 a un total de 102 mujeres con riesgo de aborto espontáneo que tenían entre seis y diez semanas de embarazo. Durante las cinco semanas que duró el estudio, se sometieron a ecografías, análisis de dolor y sangrado, medición de los niveles de progesterona y la hormona del embarazo, la gonadotropina coriónica humana (hCG). Un total de 22 embarazos se perdieron, mientras que 80 continuaron.
Tras analizar los datos, encontraron que había seis factores que tuvieron un mayor impacto sobre el riesgo de aborto involuntario: un historial de infertilidad, los niveles de progesterona y de hCG, el tamaño del feto, la cantidad de sangrado y la edad gestacional del bebé. Ninguno de estos factores por separado se pudo considerar determinante, pero combinando dos de ellos, la cantidad de sangrado y los niveles de hCG, se obtuvo suficiente información para predecir con eficacia si una gestación con riesgo de interrupción tenía posibilidades de continuar o si, por el contrario, no llegaría a término.
Los resultados del estudio muestran que el ‘PVI’ logró predecir de forma precisa la viabilidad del 94% de los embarazos y estimó correctamente el 77% de aquellos que se interrumpieron.
Se trata de una herramienta “sólida” para intentar evitar aquellos embarazos con riesgo de aborto cuando, “actualmente, todo lo que podemos hacer es cruzarnos de brazos y esperar lo mejor”. Además, el PVI permitirá a los médicos evitar intervenciones innecesarias ya que “hay mujeres que acaban sometiéndose a excesivos análisis de sangre y monitorizaciones”, al tiempo que se podrá definir con más precisión qué mujeres necesitarán realmente apoyo psicológico. No obstante, y dado que reconocen que el estudio ha contado con pocas mujeres, están buscando financiación para validar el modelo PVI con un ensayo clínico que al menos incluya a mil mujeres en riesgo.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Un análisis de sangre para identificar el sexo del feto

Los análisis de sangre se están consolidando como un método fiable y seguro para conocer el sexo del bebé desde las primeras semanas de gestación, según un equipo de científicos de Estados Unidos que ha revisado la efectividad de esta nueva técnica, en comparación con otras como la amniocentesis o la ecografía.
La sangre de la madre presenta información suficiente para determinar el sexo del feto a partir de la séptima semana de embarazo, según los resultados de una revisión de 57 estudios sobre el tema, publicada en ‘Journal of the American Medical Association’ .
Esto representa una ventaja sobre la ya tradicional ecografía, que ha de esperar hasta la undécima semana y no ofrece tanta seguridad.
En cuanto a la amniocentesis, que permite estudiar el sexo y otras características genéticas del feto a partir de una muestra de líquido amniótico, se trata de una prueba invasiva que presenta un cierto riesgo, aunque mínimo, de malograr el embarazo. Por todo ello, los expertos consideran que el análisis de plasma sanguíneo, donde flotan fragmentos sueltos de los genes del futuro bebé, podría consolidarse como una técnica idónea tanto para determinar el sexo como para realizar otra clase de diagnósticos genéticos.
Los investigadores, de los Institutos Nacionales de Salud de EEUU, tras analizar los diferentes estudios que han evaluado la técnica, han llegado a la conclusión de que el sexo del feto puede determinarse correctamente mediante un análisis sanguíneo, a partir de la séptima semana, entre un 95% y un 99% de las veces. El porcentaje es muy superior al que se obtiene con la ecografía, técnica que no resulta concluyente en al menos un 7,5% de los casos, cuando se realiza a partir de la undécima semana.
Respecto a los análisis de orina, sin embargo, el estudio ha concluido que no son fiables para obtener información relativa al feto.
Conocer desde las primeras semanas el sexo del feto no sólo tiene una importante función social -ya que los padres desean saber este dato cuanto antes-, sino que permite evaluar la posible existencia de desórdenes genéticos ligados a los cromosomas sexuales (X e Y).
La técnica consiste en analizar los fragmentos de ADN no celular en el plasma, procedentes del feto; a partir de la séptima semana, la abundancia de estos fragmentos es suficiente para evaluar, en más del 95% de los casos, si el feto es portador del cromosoma Y (con lo que sería un varón) o no (de modo que sería mujer).
En varios países europeos, como España, Francia, Reino Unido u Holanda, los análisis sanguíneos ya están establecidos en mayor o menor medida, pese a la “ausencia de una evaluación formal de su efectividad.
En España, el primer centro en implantar los análisis sanguíneos para conocer el sexo del feto fue el Hospital Virgen de las Nieves de Granada, en el año 2008. El coste de la técnica, que aún no se ha extendido a nivel nacional, está cubierto por la Sanidad pública para las familias con antecedentes de enfermedades monogénicas.

Niños más fuertes con leche materna.


La lista de ventajas que tiene dar el pecho al bebé sigue creciendo. Se sabe que la leche materna protege al pequeño de numerosas enfermedades como la diarrea y la neumonía. Ahora, una investigación publicada en ‘Journal of Nutrition’ revela un beneficio más. Cuando el recién nacido sea adolescente tendrá más fuerza muscular en las piernas.
Un grupo de científicos, liderado por un investigador español, ha descubierto que dar el pecho beneficia a largo plazo a la condición física de los lactantes, cuando ya son adolescentes. “Nuestro objetivo era analizar la relación entre la duración de la lactancia materna recibida en edad infantil y su nivel físico en etapas posteriores”.
Y la relación fue positiva, ya que, comparados con aquellos que no se amamantaron nunca, los pequeños que tomaban leche materna entre tres y cinco meses o durante más de medio semestre tenían la mitad de riesgo de presentar bajo rendimiento en una de las pruebas físicas realizadas, el salto.
Para llegar a esta conclusión, los autores preguntaron a los padres y las madres de un total de 2.567 adolescentes sobre el tipo de alimentación que recibieron sus hijos al nacer y cuánto duró ésta. Por otro lado, los participantes del estudio realizaron varias pruebas físicas para poder evaluar su condición aeróbica y su fuerza muscular.
Según los resultados, la leche materna confiere más fuerza muscular en las piernas. Y dicha asociación se potenciaba cuanto más tiempo duraba dicha lactancia. Este tipo de alimentación (ya sea de manera exclusiva o combinada con otros alimentos) se asoció con un mayor rendimiento en la prueba del salto horizontal en niños y niñas, independientemente de factores morfológicos, como la masa grasa, la altura del adolescente o la cantidad de músculo.
Cabe recordar que el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia indica que “si todos los niños y niñas fueran alimentados exclusivamente con lactancia desde el nacimiento, sería posible salvar cada año aproximadamente 1,5 millones de vidas“. Y las ventajas también se extienden a las madres. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), reduce el riesgo de cáncer de mama y de ovario.

¿Por qué lo llaman 9 meses…?


..Cuando quieren decir 40 semanas? Una de las primeras cosas que aprende una mujer cuando está embarazada es a contar el tiempo en el calendario por semanas. Así que pronto descubre que la gestación dura algo más de lo que siempre había pensado: casi 10 meses. Entonces, ¿por qué lo llaman nueve meses?
La clave de esta ‘cuenta de la vieja’ que pueden despistar a más de uno es que la duración del embarazo cambia dependiendo de si se cuenta desde la fecha de la última regla, o bien de la última ovulación.
El truco, es que la mayoría de mujeres sabe con precisión cuando menstruó por última vez, mientras que es imposible saber cuándo se produjo la ovulación (”salvo que el embarazo sea fruto de un único coito”). Por eso, de forma convencional, “en la consulta sumamos 280 días a la fecha de la última regla para calcular la fecha del parto”. Es decir, 40 semanas.
Si usted fuese una de esas mujeres capaces de calcular con precisión su ovulación (generalmente hacia los 14 días posteriores a la regla), “el tiempo real que pasa el feto en el útero desde la concepción hasta el parto es de 266 días” (equivalentes a los nueve meses que se han atribuido al embarazo toda la vida). Es decir, 38 semanas.
Debido a esas cuentas, se considera que el embarazo ha llegado a término cuando la mujer ha cumplido entre las semanas 37 y 42 de embarazo. Por debajo, se considera una gestación pretérmino, mientras que pasada la semana 42 se habla de un embarazo prolongado y en muchos centros optan por inducir el parto para evitar riesgos a la madre y a su bebé. “A partir de ese límite, la placenta, que es el pulmón del feto, se envejece; y eso puede causarle problemas de respiratorios y de alimentación”.
A pesar de los avances, de la ciencia, de los cambios sociales acaecidos, los 266 días de mantienen como una medida biológica inmutable. “La única diferencia es que antes se hablaba de meses lunares para calcular la salida de cuentas y ahora hemos recurrido a las semanas y los días, pero entre el 70%-80% de las mujeres cumple los 280 días después de su última regla”.

 Vía.Elmundo.es

El uso de ciertos antivirales es seguro en el embarazo.


Una de las preguntas más comunes entre las embarazas es qué medicamentos pueden tomar. La escasa información acerca del efecto de los fármacos durante la gestación, provocada por la ausencia de ensayos, restringe su uso en muchos casos. Gracias a un estudio danés, dos antivirales utilizados en infecciones por herpes pueden abandonar la ‘lista negra’ ya que su uso en el primer trimestre no provoca problemas en el embrión.
El periodo comprendido entre la segunda y la octava semana de embarazo es el más importante porque es cuando se forman los órganos del feto. Por eso, es la etapa de mayor susceptibilidad del embrión y todo lo que ocurre en ese tiempo puede tener graves consecuencias, como las malformaciones. Los ensayos clínicos con mujeres embarazadas no se llevan a cabo y la seguridad de los medicamentos en ellas es una incógnita hasta que las investigaciones con animales, en primer lugar, y los análisis postventa, en último, la determinan.
Los antivirales aciclovir, valaciclovir y famciclovir son fármacos muy utilizados ya que son el tratamiento para las infecciones por virus del herpes simple y del herpes zóster, dos infecciones muy comunes. Hasta la fecha, los ensayos realizados señalan que se trata de sustancias no teratogénicas; es decir, que no provocan malformaciones en el feto. Pero son estudios pequeños, de bajo poder estadístico.
Aunque la agencia americana del medicamento (FDA, por sus siglas en inglés) los considera dentro de la categoría B, la segunda en nivel de seguridad respecto a su uso en gestantes, un grupo de investigadores daneses ha llevado a cabo un análisis con más de 800.000 recién nacidos para evaluar con mayor precisión los riesgos de estos antiherpéticos.
Los resultados, publicados esta semana en ‘Journal of the American Medical Association‘ (’JAMA’) indican que el uso de aciclovir y valaciclovir durante el primer trimestre del embarazo no eleva el riesgo de malformaciones en el feto. En cuanto al famciclovir, aunque los datos eran igualmente positivos, el número de usuarias era demasiado bajo para obtener una conclusión definitiva.
El aciclovir por este motivo es el antiviral sobre el que más información existe y por eso debería ser el fármaco de elección en la gestación.