lunes, 16 de enero de 2012

Aplicaciones para el embarazo en tu Blackberry

Te recomendamos especialmente estas tres:

. KickBerry registra los movimientos del bebé y el tiempo entre ellos, además guarda toda la información y te la enseña de manera gráfica.

. BirthBerry te permite controlar tus contracciones, su duración y el tiempo que transcurre entre ellas. De esta forma, el sistema te puede advertir cuándo es el momento de ir al hospital. Además, avisa a tus contactos del nacimiento de tu hijo y permite mandarles una foto.

. BurpBerry te ayuda a controlar las tomas de tu hijo, si el pañal estaba mojado... y mucho más.

sábado, 14 de enero de 2012

Los problemas más comunes a la hora de amamantar

Con demasiada frecuencia, las madres encuentran problemas para iniciar o para continuar con la lactancia materna, por ello los niños reciben durante poco tiempo la leche de su madre. La mayoría de las veces esto se debe a la ignorancia o a una mala información en la técnica de amamantar. Desgraciadamente, existe mucho desconocimiento que contribuye a privar a los niños del alimento óptimo para su crecimiento; el único que, además, le vacuna y previene contra múltiples enfermedades.
La leche le protege. Se puede afirmar con seguridad que la retirada de la lactancia materna no está indicada en casi ninguna situación, a pesar de ello, se retira innecesariamente por las siguientes causas:

Dolor
Amamantar siempre es placentero, sin embargo, los primeros días puede sentirse dolor o molestias cuando el bebé se engancha al pecho. La causa mas frecuente del dolor de pezones es la mala colocación del bebé, succionando sólo el pezón, no toda la mamila. Este dolor es transitorio, suele desaparecer en una semana.

Grietas
Las grietas suelen estar producidas por la mala postura del bebé con respecto al pecho, comprimiendo fuertemente con sus encías el pezón de su madre. Además del dolor puede aparecer sangrado o vómito con sangre. Las grietas sólo precisan limpieza del pezón después de cada toma y corregir la posición para que la boca del niño abarque una gran parte de la areola y no sólo el pezón. Las pezoneras de silicona blanda pueden ser útiles en algunos casos.

Ingurgitación de las mamas
La congestión o ingurgitación de las mamas es normal a partir del tercer día del parto, porque en esos días la producción de leche aumenta rápidamente y el bebé puede ser incapaz de extraerla toda. La ingurgitación es molesta pero disminuye o desaparece hacia el final de la primera semana después del parto. A veces, la tensión de los pechos es tan dura que el bebé no se puede agarrar, en esos casos se debe apretar con los dedos de ambas manos sobre la areola, en la base el pezón, intentando hundir la mano durante unos minutos. De esta manera aparecerán algunas gotas de leche que estimularan la succión del bebé, a la vez que le permita disponer y agarrar mejor el pezón.

Pezones planos
Algunas mujeres tienen pezones pequeños, tan aplanados, que el bebé puede tener dificultad para atrapar, sujetar y mantener el pezón dentro de su boca. Se le puede ayudar apretándose con los dedos índice y pulgar, la areola mamaria con fuerza. Esto permite que el pezón salga del pecho, facilitando así que el bebé se pueda agarrar al pezón.

Mastitis
La mastitis es la inflamación de una parte de la mama. Se origina por la acumulación de leche producida por la obstrucción de un conducto que transporta la leche al pezón, también por la ausencia de vaciado de toda la leche producida; más tarde puede infectarse. En ambos casos, con infección o sin ella, existe dolor que mejorará al finalizar la toma y aumentará al empezar la siguiente. También puede existir enrojecimiento y aumento de calor en la zona dolorosa, a veces fiebre.
En ningún caso la mastitis justifica la retirada de la lactancia materna, tampoco cuando ésta cursa con fiebre alta o la madre recibe antibióticos para la curación.
No tener suficiente leche
Ésta es, seguramente, la causa más frecuente de fracaso de la lactancia materna, la creencia errónea de no tener suficiente leche o que la composición de la leche no es la adecuada, está aguada o es incompleta. Se sabe que la composición de la leche materna se mantiene incluso en caso de malnutrición materna porque es el seguro del mantenimiento de la especie.

Cada día se descubren más ventajas de la lactancia materna, tanto para el bebé como para su madre, estos beneficios no sólo son evidentes durante los meses de lactancia, sino que persisten a lo largo de toda la infancia.

¿Sexo durante el embarazo?

¿Nueve meses sin sexo? El embarazo no es una etapa de abstinencia sexual, aunque siguen existiendo muchos mitos y tabúes sobre la posibilidad de seguir mantenido relaciones durante la gestación. Una revisión en la revista 'Canadian Medical Journal' recuerda en qué casos puntuales puede estar contraindicado y en cuáles convienen seguir disfrutando con normalidad.
En general, las relaciones sólo están contraindicadas en aquellos casos en los que el útero necesita reposo, bien por amenaza de aborto o parto prematuro, rotura de la bolsa amniótica o placenta previa, "pero, independientemente de esos casos particulares, que se deben abordar con el ginecólogo, nunca se prohíbe".
Ni siquiera en las gestaciones múltiples, que son la principal causa de parto prematuro: "no todas las mujeres deben guardar abstinencia sexual durante todo el embarazo". De hecho, la sexualidad durante el embarazo es distinta ("ni mejor ni peor") y las parejas deberían aprender a disfrutarla.
Más allá de la incomodidad que pueda suponer encontrar una postura adecuada a medida que la tripa va creciendo, "muchas mujeres describen un descenso del deseo sexual, pero todo indica que es una situación más psicológica que hormonal, provocada por sus preocupaciones o el miedo a dañar al feto".

Contraindicaciones

Las restricciones deben limitarse a las mujeres con riesgo de parto prematuro, aunque incluso en este escenario admiten que las evidencias científicas son escasas y contradictorias.
El ginecólogo puede recomendar reposo sexual:

1. En el primer trimestre, en aquellos casos que exista riesgo de aborto y sea aconsejable reposo para el útero. Aunque contrariamente a lo que muchas parejas puedan pensar, no tiene nada que ver con las posturas o la posibilidad de dañar al feto durante el coito. "Lo que ocurre es que durante el orgasmo femenino se producen contracciones provocadas por una sustancia que contiene el semen, la prostaglandina, precursora de la oxitocina". Es decir, es más una cuestión química que postural.
2. En el segundo y tercer trimestre, cuando haya amenaza de parto prematuro o bien rotura de la bolsa. En este último caso, se trata de prevenir el riesgo de infección, por lo que se indica reposo y tratamiento con antibióticos.
3. En caso de placenta previa, que en lugar de estar colocada en la parte superior del útero, se desplaza y tapona parte del cuello del útero.
4.
"El sexo en el embarazo es algo natural y existen muy pocas contraindicaciones en el caso de gestaciones de bajo riesgo. En los casos de alto riesgo incluso aunque las evidencias no sean cien por cien concluyentes, lo mejor es recomendar la abstinencia sexual, teniendo en cuenta que se trata de una medida sencilla que podría prevenir consecuencias catastróficas.

martes, 10 de enero de 2012

Los antojos

El antojo carece en la actualidad de ninguna importancia por lo que hace referencia al embarazo. Antiguamente existía la creencia de que cuando una mujer embarazada deseaba alguna cosa en concreto, especialmente para comer, era porque el bebé de su barriga lo necesitaba. Es decir era considerada como una entidad que reflejaba una situación patológica de estado carencial.
Incluso se puede encontrar alguna abuela que cuenta anécdotas como "una vez en mi pueblo había una embarazada que deseaba para comer pata de jamón serrano pero como eran de una familia humilde no se lo podían permitir. La tradición cuenta que la mujer al parir trajo al mundo un niño que en el muslo tenía una enorme mancha parecida a una loncha de jamón", pues bien, seguramente lo más probable es que se tratase de una simple mancha de nacimiento (nevus) que son relativamente comunes en nuestra sociedad.
En el siglo XXI encontrar alguna explicación científica a este fenómeno ha quedado del todo desestimada (hasta no hace mucho se pensaba que podía ser por un incremento de la hormona HCG, una de las hormonas de embarazo).
El mero hecho de que a una embarazada, en un momento determinado de su gestación, le aparezcan las ganas de comer algún alimento en concreto (fresas con nata, algún tipo de frutas, chocolate, etc. ) tiene la misma explicación que ciertos alimentos que antes de quedar embarazada comía a menudo y le gustaban, dejan de gustarle, e incluso, le pueden llegar a dar asco.
Estos cambios forman parte de las alteraciones fisiológicas que experimentan los sentidos en un ambiente hormonal propicio como es el embarazo. Hay mujeres que experimentan un aumento de la agudeza visual, otras experimentan un incremento importante a la hora de percibir los olores (ya sean olores agradables como también desagradables) otras un incremento en el gusto de los alimentos, y no por esto representa que estas alteraciones traduzcan ningún tipo de entidad patológica ni carencial para el feto.
Desterramos para siempre el papel del antojo como algo importante quedando meramente relegado a una de las muchas curiosidades que experimentan las embarazadas en este momento tan importante de su vida.

domingo, 8 de enero de 2012

La relación con la madre afecta a la obesidad del niño.

Los cuidados y la atención que dispensa una madre al bebé durante sus primeros meses de vida pueden ejercer un importante influjo sobre su desarrollo. A este hecho, ya conocido por los expertos, acaba de añadirse una nueva circunstancia: los recién nacidos que han tenido una relación menos cercana con su madre tienen más probabilidades de ser obesos en su adolescencia.
Así lo acaba de mostrar un nuevo estudio estadístico que ha seguido a más de 900 niños desde sus tres primeros meses de vida -cuando el trato con sus madres fue objeto de repetidos exámenes- hasta los 15 años de edad. Llegados a la adolescencia, los niños que reflejaron una peor relación con sus madres presentaban tasas de obesidad significativamente mayores, aun descontando otros factores como los niveles de educación o ingresos.
Los autores del estudio de la Universidad Estatal de Ohio (EEUU), midieron la calidad de las relaciones entre madre y bebé mediante dos parámetros: la sensibilidad materna y el apego de seguridad. El primero se estableció a partir de la interacción en situaciones de juego que fueron registradas en vídeo. El segundo evaluaba las reacciones de los niños en presencia o en ausencia de sus progenitoras, en condiciones controladas en laboratorio.
Se valoraban positivamente tanto la capacidad de la madre para reconocer el estado de ánimo y las necesidades del hijo como la tendencia de este a explorar sin miedo el entorno, a sabiendas de que estaría bien cuidado y vigilado por su madre. Ambos parámetros se midieron repetidamente a medida que los niños crecían: a los 15, 24 y 36 meses de edad.
Cuando cumplieron los 15 años, se observó que más de un cuarto de los niños con bajas puntuaciones en estas interacciones con la madre presentaba niveles preocupantes de obesidad. En contraste, sólo el 13% de quienes mejor atendidos estaban según las pruebas presentaba este mismo problema.
Los científicos recuerdan que la calidad de las relaciones entre madre y bebé es un factor conocido en la regulación de las emociones, el desarrollo neuronal y la respuesta al estrés durante el crecimiento de los niños. Además, el manejo del estrés está relacionado con anomalías en sistemas fisiológicos de los que depende el balance energético, las cuales pueden derivar en obesidad.
"Se da una superposición en el cerebro entre las áreas que gobiernan el estrés y el balance energético. Esta respuesta al estrés podría relacionarse con la obesidad a través de la regulación del apetito". Los expertos en nutrición recuerdan, no obstante, que los principales factores de obesidad son los ya conocidos: una mala dieta, el sedentarismo o la falta de sueño. Por ello culpar a los padres no va a resolver el problema.

El vegetarianismo y el embarazo.

Una dieta vegetariana es aquella que se caracteriza por la no ingesta alimentos de origen animal como carne, pescado o marisco, así como aquellos productos que puedan contenerlos. Existen tres tipos de dietas vegetarianas:

- Lacto-ovo-vegetariana. Las personas que optan por este tipo de dieta consumen cereales, verdura, fruta, legumbres, lácteos y huevos, pero ni carne ni pescado.

- Lacto-vegetariana. Excluyen la carne, el pescado y los huevos.

- Vegana. Es la más estricta. En este tipo de alimentación no tiene cabida ningún alimento de origen animal (carne, pescado, huevos, lácteos...)

Las dos variantes más frecuentes son la lacto-ovo-vegetariana y la vegana, aunque también es cierto que últimamente los especialistas se están encontrando con otro tipo de dietas vegetarianas o casi vegetarianas, como las dietas macrobióticas, que se basan principalmente en el consumo de cereales, legumbres y verduras y, en menor medida, frutas, frutos secos y semillas.

Los nutricionistas aseguran que una dieta vegetariana equilibrada y bien planificada puede tener beneficios para la salud (niveles más bajos de colesterol, menor riesgo de cardiopatías, hipertensión y diabetes tipo 2, etc.) pero ha de suplementarse casi siempre para que resulte equilibrada.
El tipo de vegetarianismo más aconsejable es el lacto-ovo-vegetariano debido a su carácter más completo en el consumo de proteínas y otros aminoácidos esenciales como hierro, calcio, vitamina C, D, B12 y B2, nutrientes importantes que en la vegana resultan deficitarios.


Nutrientes fundamentales.

Durante el embarazo se debe aumentar ligeramente la ingesta de energía, pero no más de 300 kilocalorías al día, nada que ver con "comer por dos" como antes se pensaba. Además, se requerirá un incremento de proteínas, minerales (hierro, calcio, zinc, yodo y magnesio) y vitaminas (ácido fólico, vitamina C y vitamina D) con el fin de conseguir un desarrollo fetal óptimo.

- Con la dieta vegana, la ingesta de proteínas está disminuida, porque aunque incluye proteínas de origen vegetal éstas no son de alto valor biológico porque no contienen todos los aminoácidos esenciales. Además, al rechazar los lácteos, el consumo de calcio será insuficiente.
El déficit fundamental de esta dieta se encuentra en la vitamina B12, que no existe en los vegetales. Su carencia produce anemia perniciosa y alteraciones del sistema nervioso, por lo que será imprescindible una vigilancia periódica de los niveles de vitamina B12 y su suplementación en caso necesario.
Así mismo habrá déficits de hierro, de vitamina D, de calcio y de cinc.

Este tipo de vegetarianas también suelen tener niveles más bajos de vitamina C (naranja, kiwi, fresas, pomelo, melón, coles, pimientos, coliflor, peras...), hierro (almejas, berberechos, mejillones, hígado, cereales integrales, judías, maíz, pepino...) , zinc (carne roja, cerdo, cordero, marisco, huevos, lácteos...) vitamina B12 (carne, el pescado y los productos lácteos) y B2 (nueces, cereales, leche, huevos, vegetales de hoja verde y carnes magras) que las mujeres no vegetarianas, por lo que, en caso de llevar este tipo de dieta, lo aconsejable es que consulten con el ginecólogo desde el principio de la gestación para que les aconseje en cada caso cómo complementar las carencias que pudieran tener.

- En las dietas lacto-ovo-vegetarianas, aunque no toman carne ni pescado, obtienen la mayoría de estos nutrientes necesarios para la salud de la madre y del feto de los lácteos y del huevo. Los niveles de calcio y vitamina D no estarán bajos si se consumen los lácteos suficientes pero si los de vitamina B12 y de hierro.

- Todas las embarazadas sea cuan sea su dieta tendrán que suplementar la dieta con ácido fólico y con yodo; la ingesta diaria recomendada es de 400 microgramos y 200 microgramos, respectivamente.

La vitamina D, que ayuda a la absorción del calcio, también es interesante para las embarazadas, vegetarianas o no. Hay muy pocos alimentos naturales que la contengan, pero se puede obtener a partir de alimentos suplementados, como la leche y sus derivados, y mediante la exposición moderada al sol. Es suficiente con 5 o 15 minutos de exposición solar diaria en la cara, manos y antebrazo para conseguir la cantidad adecuada de vitamina D.
Mejora tus hábitos alimenticios en la gestación.

- Come menos cantidad y más veces al día. Tomar cinco o seis comidas más ligeras al día ayuda a hacer mejor la digestión, evita picos de glucemia y mantiene alimentado al bebé de forma regular y constante.

- Guisa los alimentos de forma sana. Preferiblemente a la plancha, al vapor, al horno o hervido.

- Incluye alimentos integrales como las hortalizas, frutas, legumbres, frutos secos y los cereales y sus derivados integrales.

- Evita las salsas.

- Reduce el consumo de sal.

- Restringe la ingesta de dulces (pasteles, bollería y chocolates), sobre todo industrial, porque se consideran alimentos vacío, carecen de nutrientes necesarios y, sin embargo, contienen alto contenido calórico y gran cantidad de grasas saturadas.

- Limita el consumo de café, té, cola... porque son bebidas que contienen cafeína o teína, sustancias que propician la vasoconstricción. Además, la cafeína disminuye la absorción de hierro y calcio, tan necesarios en el embarazo.

- Hidrátate correctamente. Durante el embarazo se producen una serie de cambios fisiológicos que hacen que se incrementen los requerimientos de agua. De hecho, una mujer embarazada necesita aumentar su ingestión diaria de agua en al menos 300 mililitros con el fin de disponer de la cantidad suficiente para atender la formación del líquido amniótico, el crecimiento del feto y la mayor ingestión de energía que se produce durante el embarazo. El Instituto de Investigación Agua y Salud establece que conviene beber al menos 2,3 litros de agua al día a intervalos regulares cada 4-5 horas. Asimismo, aconseja beber antes de tener sensación de sed, de esta manera se asegurará un óptimo estado de su salud y de la del bebé.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Método para predecir los abortos espontáneos

Una de cada cinco mujeres embarazadas acaba perdiendo a su bebé; esto es, un porcentaje del 20%. Por eso, a la noticia de que vas a ser madre, siempre va unido el miedo a sufrir un aborto. El mayor riesgo se sufre en las primeras doce semanas de gestación; una vez superada esta barrera, la madre respira ya un poco más tranquila y cada vez ve más cerca la llegada de su pequeño.
Hasta ahora no había forma de saber cuál es la probabilidad de éxito de un embarazo. Cierto es que conocemos algunos factores de riesgo, como pueden ser la edad de la madre y su salud, las anomalías cromosómicas del feto, el consumo de drogas y alcohol, el hecho de tener una vida demasiado ajetreada, la alimentación… Pero no dejaban de ser meras hipótesis. Hoy es posible saber con una fiabilidad bastante elevada qué embarazo seguirá adelante y cuál acabará, muy probablemente, en aborto. Un grupo de científicos británicos, ha establecido una serie de variables que pueden medirse de manera relativamente fácil, cuya combinación puede decirnos el grado de éxito o fracaso en relación a un embarazo determinado. Lo han bautizado como ‘PVI’ (Índice de Viabilidad del Embarazo)
Este equipo de investigadores realizó un seguimiento entre 2009 y 2010 a un total de 102 mujeres con riesgo de aborto espontáneo que tenían entre seis y diez semanas de embarazo. Durante las cinco semanas que duró el estudio, se sometieron a ecografías, análisis de dolor y sangrado, medición de los niveles de progesterona y la hormona del embarazo, la gonadotropina coriónica humana (hCG). Un total de 22 embarazos se perdieron, mientras que 80 continuaron.
Tras analizar los datos, encontraron que había seis factores que tuvieron un mayor impacto sobre el riesgo de aborto involuntario: un historial de infertilidad, los niveles de progesterona y de hCG, el tamaño del feto, la cantidad de sangrado y la edad gestacional del bebé. Ninguno de estos factores por separado se pudo considerar determinante, pero combinando dos de ellos, la cantidad de sangrado y los niveles de hCG, se obtuvo suficiente información para predecir con eficacia si una gestación con riesgo de interrupción tenía posibilidades de continuar o si, por el contrario, no llegaría a término.
Los resultados del estudio muestran que el ‘PVI’ logró predecir de forma precisa la viabilidad del 94% de los embarazos y estimó correctamente el 77% de aquellos que se interrumpieron.
Se trata de una herramienta “sólida” para intentar evitar aquellos embarazos con riesgo de aborto cuando, “actualmente, todo lo que podemos hacer es cruzarnos de brazos y esperar lo mejor”. Además, el PVI permitirá a los médicos evitar intervenciones innecesarias ya que “hay mujeres que acaban sometiéndose a excesivos análisis de sangre y monitorizaciones”, al tiempo que se podrá definir con más precisión qué mujeres necesitarán realmente apoyo psicológico. No obstante, y dado que reconocen que el estudio ha contado con pocas mujeres, están buscando financiación para validar el modelo PVI con un ensayo clínico que al menos incluya a mil mujeres en riesgo.