Son conocidos los beneficios del pescado en la dieta, y especialmente en la dieta de la futura mamá. Según un estudio reciente de la Universidad de Granada, entre otras cosas, comer pescado en el embarazo mejorar la capacidad intelectual de los hijos.
Han observado que los nacidos de mujeres que consumieron más pescado durante el embarazo obtuvieron mejores resultados en las pruebas de inteligencia verbal, habilidades de motricidad fina y una mejor conducta prosocial.
Para ello han analizado los ácidos grasos de cadena larga de las series omega-3 y omega-6 en muestras de sangre de más de 2.000 mujeres a las 20 semanas del embarazo y del cordón umbilical de sus hijos en el momento de nacer. Han visto que hay una mayor contribución a la síntesis de ácidos grasos de cadena larga de la serie omega-6 por parte del feto de lo que se esperaba y que la cantidad de ácido docosahexaenoico (DHA) suministrada al feto por la madre a través de la placenta podría ser muy importante.
Por tanto, el consumo de pescado en el embarazo favorece el desarrollo cerebral del bebé, así como psicomotor y un mejor desarrollo de las habilidades sociales.
Los efectos de la ingesta de pescado en el embarazo en el rendimiento mental de los niños son indiscutibles, por tanto no puede faltar en la dieta de la embarazada, pero siempre con moderación y eligiendo las especies que presentan menor concentración de mercurio.
Los pescados más recomendables para las embarazadas son el atún blanco (y atún en lata), el salmón, las sardinas, los arenques, la caballa, boquerón o bocarte, salmonete, anguila, jurel o chicharro común, verdel, palometa, trucha marina, cazón, y en cuanto a pescados blancos: merluza, pescadilla, rape, cabracho, lenguado, gallo, bacalao fresco… Evitar el atún rojo y el pez espada, así como la panga y la perca por las altas dosis de mercurio detectadas en estas especies.
Vía.Universidad de Granada.
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domingo, 5 de febrero de 2012
domingo, 22 de enero de 2012
¿Cómo te pueden afectar los cambios físicos tras el embarazo?
La llegada del bebé supone innumerables cambios en la vida de toda la familia, pero sobre todo de la madre. Se tiene que enfrentar a un cambio radical en su vida: baja maternal; constante cansancio físico por la gran atención que demanda el bebé; ajustar su vida al horario de comidas y sueño del pequeño, etc.
Lo normal es que te sientas cansada y que la vida esté un poco desorganizada cuando regresa del hospital, pero tras unas semanas estarás más fuerte y volverá a controlar perfectamente la situación. Es cuestión de tiempo. Necesitaras recuperarse del parto, sobre todo si han tenido que practicar una cesárea.
Tras nueve meses de embarazo, la figura ha cambiado, necesita tiempo para recuperarse y volver a su estado natural. Algunas mujeres ven mermada su autoestima debido al deterioro físico que sufren después de un embarazo y la lactancia. No se sienten atractivas físicamente y creen que pueden ser rechazadas por sus maridos.
Las mujeres se encuentran con una silueta diferente a la que tenían antes del embarazo. Normalmente la cintura está más ancha, el pecho es más voluminoso, la barriga todavía está hinchada y aún cuentan con unos kilos de más. Esto, evidentemente, no es del agrado de ninguna mujer y puede hacer que se sientan inseguras y desconcertadas, pero en la mayoría de los casos es tan sólo cuestión de tiempo y con un poco de ejercicio físico, su figura vuelve a su estado natural.
Dar el pecho al bebé ayuda a la involución del útero y acelera la recuperación de la figura de la madre.
No es lo habitual, pero es cierto que algunas mujeres se encuentran con un cuerpo con cambios. Nos referimos, sobre todo, a aquellos casos en los que durante el embarazo se forma estrías en el abdomen y, en ocasiones también en el pecho.
Las estrías son el resultado del rompimiento de las fibras elásticas de la piel. Cuando la piel se estira, las fibras con menos elasticidad se rompen creando marcas a las que llamamos estrías.
Para recuperar la figura es necesario combinar ejercicio físico y una dieta saludable. Durante la lactancia no debemos hacer dieta, pero sí podemos llevar un control de los alimentos que tomamos, evitando los alimentos ricos en azúcares simples y grasas como dulces o bollería. También debemos reducir el consumo de las grasas, sobre todo las saturadas, y moderar la ingesta de fritos y empanados. Es aconsejable beber al menos dos litros de agua al día, cocinar los alimentos a la plancha o hervidos, consumir frutas y verduras, y preferiblemente pescado en vez de carne. Esto nos ayudará a reducir esos kilos demás sin la necesidad de hacer dieta.
Con respecto al ejercicio físico, debe iniciarse tras la cuarentena y empezar poco a poco, de forma moderada. Según vayamos recuperando la forma física iremos aumentando la frecuencia y la intensidad. Pasear y nadar son ejercicios que favorecen mucho la recuperación de la figura. Cuando hayan transcurrido de tres o cuatro meses se podrá empezar a hacer ejercicios más específicos como abdominales o fortalecimiento de glúteos o de pecho. Lo ejercicios de fortalecimiento del pecho sólo se podrán realizar si se ha dejado de amamantar al bebé.
Lo normal es que te sientas cansada y que la vida esté un poco desorganizada cuando regresa del hospital, pero tras unas semanas estarás más fuerte y volverá a controlar perfectamente la situación. Es cuestión de tiempo. Necesitaras recuperarse del parto, sobre todo si han tenido que practicar una cesárea.
Tras nueve meses de embarazo, la figura ha cambiado, necesita tiempo para recuperarse y volver a su estado natural. Algunas mujeres ven mermada su autoestima debido al deterioro físico que sufren después de un embarazo y la lactancia. No se sienten atractivas físicamente y creen que pueden ser rechazadas por sus maridos.
Las mujeres se encuentran con una silueta diferente a la que tenían antes del embarazo. Normalmente la cintura está más ancha, el pecho es más voluminoso, la barriga todavía está hinchada y aún cuentan con unos kilos de más. Esto, evidentemente, no es del agrado de ninguna mujer y puede hacer que se sientan inseguras y desconcertadas, pero en la mayoría de los casos es tan sólo cuestión de tiempo y con un poco de ejercicio físico, su figura vuelve a su estado natural.
Dar el pecho al bebé ayuda a la involución del útero y acelera la recuperación de la figura de la madre.
No es lo habitual, pero es cierto que algunas mujeres se encuentran con un cuerpo con cambios. Nos referimos, sobre todo, a aquellos casos en los que durante el embarazo se forma estrías en el abdomen y, en ocasiones también en el pecho.
Las estrías son el resultado del rompimiento de las fibras elásticas de la piel. Cuando la piel se estira, las fibras con menos elasticidad se rompen creando marcas a las que llamamos estrías.
Para recuperar la figura es necesario combinar ejercicio físico y una dieta saludable. Durante la lactancia no debemos hacer dieta, pero sí podemos llevar un control de los alimentos que tomamos, evitando los alimentos ricos en azúcares simples y grasas como dulces o bollería. También debemos reducir el consumo de las grasas, sobre todo las saturadas, y moderar la ingesta de fritos y empanados. Es aconsejable beber al menos dos litros de agua al día, cocinar los alimentos a la plancha o hervidos, consumir frutas y verduras, y preferiblemente pescado en vez de carne. Esto nos ayudará a reducir esos kilos demás sin la necesidad de hacer dieta.
Con respecto al ejercicio físico, debe iniciarse tras la cuarentena y empezar poco a poco, de forma moderada. Según vayamos recuperando la forma física iremos aumentando la frecuencia y la intensidad. Pasear y nadar son ejercicios que favorecen mucho la recuperación de la figura. Cuando hayan transcurrido de tres o cuatro meses se podrá empezar a hacer ejercicios más específicos como abdominales o fortalecimiento de glúteos o de pecho. Lo ejercicios de fortalecimiento del pecho sólo se podrán realizar si se ha dejado de amamantar al bebé.
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martes, 10 de enero de 2012
Los antojos
El antojo carece en la actualidad de ninguna importancia por lo que hace referencia al embarazo. Antiguamente existía la creencia de que cuando una mujer embarazada deseaba alguna cosa en concreto, especialmente para comer, era porque el bebé de su barriga lo necesitaba. Es decir era considerada como una entidad que reflejaba una situación patológica de estado carencial.
Incluso se puede encontrar alguna abuela que cuenta anécdotas como "una vez en mi pueblo había una embarazada que deseaba para comer pata de jamón serrano pero como eran de una familia humilde no se lo podían permitir. La tradición cuenta que la mujer al parir trajo al mundo un niño que en el muslo tenía una enorme mancha parecida a una loncha de jamón", pues bien, seguramente lo más probable es que se tratase de una simple mancha de nacimiento (nevus) que son relativamente comunes en nuestra sociedad.
En el siglo XXI encontrar alguna explicación científica a este fenómeno ha quedado del todo desestimada (hasta no hace mucho se pensaba que podía ser por un incremento de la hormona HCG, una de las hormonas de embarazo).
El mero hecho de que a una embarazada, en un momento determinado de su gestación, le aparezcan las ganas de comer algún alimento en concreto (fresas con nata, algún tipo de frutas, chocolate, etc. ) tiene la misma explicación que ciertos alimentos que antes de quedar embarazada comía a menudo y le gustaban, dejan de gustarle, e incluso, le pueden llegar a dar asco.
Estos cambios forman parte de las alteraciones fisiológicas que experimentan los sentidos en un ambiente hormonal propicio como es el embarazo. Hay mujeres que experimentan un aumento de la agudeza visual, otras experimentan un incremento importante a la hora de percibir los olores (ya sean olores agradables como también desagradables) otras un incremento en el gusto de los alimentos, y no por esto representa que estas alteraciones traduzcan ningún tipo de entidad patológica ni carencial para el feto.
Desterramos para siempre el papel del antojo como algo importante quedando meramente relegado a una de las muchas curiosidades que experimentan las embarazadas en este momento tan importante de su vida.
Incluso se puede encontrar alguna abuela que cuenta anécdotas como "una vez en mi pueblo había una embarazada que deseaba para comer pata de jamón serrano pero como eran de una familia humilde no se lo podían permitir. La tradición cuenta que la mujer al parir trajo al mundo un niño que en el muslo tenía una enorme mancha parecida a una loncha de jamón", pues bien, seguramente lo más probable es que se tratase de una simple mancha de nacimiento (nevus) que son relativamente comunes en nuestra sociedad.
En el siglo XXI encontrar alguna explicación científica a este fenómeno ha quedado del todo desestimada (hasta no hace mucho se pensaba que podía ser por un incremento de la hormona HCG, una de las hormonas de embarazo).
El mero hecho de que a una embarazada, en un momento determinado de su gestación, le aparezcan las ganas de comer algún alimento en concreto (fresas con nata, algún tipo de frutas, chocolate, etc. ) tiene la misma explicación que ciertos alimentos que antes de quedar embarazada comía a menudo y le gustaban, dejan de gustarle, e incluso, le pueden llegar a dar asco.
Estos cambios forman parte de las alteraciones fisiológicas que experimentan los sentidos en un ambiente hormonal propicio como es el embarazo. Hay mujeres que experimentan un aumento de la agudeza visual, otras experimentan un incremento importante a la hora de percibir los olores (ya sean olores agradables como también desagradables) otras un incremento en el gusto de los alimentos, y no por esto representa que estas alteraciones traduzcan ningún tipo de entidad patológica ni carencial para el feto.
Desterramos para siempre el papel del antojo como algo importante quedando meramente relegado a una de las muchas curiosidades que experimentan las embarazadas en este momento tan importante de su vida.
domingo, 8 de enero de 2012
El vegetarianismo y el embarazo.
Una dieta vegetariana es aquella que se caracteriza por la no ingesta alimentos de origen animal como carne, pescado o marisco, así como aquellos productos que puedan contenerlos. Existen tres tipos de dietas vegetarianas:
- Lacto-ovo-vegetariana. Las personas que optan por este tipo de dieta consumen cereales, verdura, fruta, legumbres, lácteos y huevos, pero ni carne ni pescado.
- Lacto-vegetariana. Excluyen la carne, el pescado y los huevos.
- Vegana. Es la más estricta. En este tipo de alimentación no tiene cabida ningún alimento de origen animal (carne, pescado, huevos, lácteos...)
Las dos variantes más frecuentes son la lacto-ovo-vegetariana y la vegana, aunque también es cierto que últimamente los especialistas se están encontrando con otro tipo de dietas vegetarianas o casi vegetarianas, como las dietas macrobióticas, que se basan principalmente en el consumo de cereales, legumbres y verduras y, en menor medida, frutas, frutos secos y semillas.
Los nutricionistas aseguran que una dieta vegetariana equilibrada y bien planificada puede tener beneficios para la salud (niveles más bajos de colesterol, menor riesgo de cardiopatías, hipertensión y diabetes tipo 2, etc.) pero ha de suplementarse casi siempre para que resulte equilibrada.
El tipo de vegetarianismo más aconsejable es el lacto-ovo-vegetariano debido a su carácter más completo en el consumo de proteínas y otros aminoácidos esenciales como hierro, calcio, vitamina C, D, B12 y B2, nutrientes importantes que en la vegana resultan deficitarios.
Nutrientes fundamentales.
Durante el embarazo se debe aumentar ligeramente la ingesta de energía, pero no más de 300 kilocalorías al día, nada que ver con "comer por dos" como antes se pensaba. Además, se requerirá un incremento de proteínas, minerales (hierro, calcio, zinc, yodo y magnesio) y vitaminas (ácido fólico, vitamina C y vitamina D) con el fin de conseguir un desarrollo fetal óptimo.
- Con la dieta vegana, la ingesta de proteínas está disminuida, porque aunque incluye proteínas de origen vegetal éstas no son de alto valor biológico porque no contienen todos los aminoácidos esenciales. Además, al rechazar los lácteos, el consumo de calcio será insuficiente.
El déficit fundamental de esta dieta se encuentra en la vitamina B12, que no existe en los vegetales. Su carencia produce anemia perniciosa y alteraciones del sistema nervioso, por lo que será imprescindible una vigilancia periódica de los niveles de vitamina B12 y su suplementación en caso necesario.
Así mismo habrá déficits de hierro, de vitamina D, de calcio y de cinc.
Este tipo de vegetarianas también suelen tener niveles más bajos de vitamina C (naranja, kiwi, fresas, pomelo, melón, coles, pimientos, coliflor, peras...), hierro (almejas, berberechos, mejillones, hígado, cereales integrales, judías, maíz, pepino...) , zinc (carne roja, cerdo, cordero, marisco, huevos, lácteos...) vitamina B12 (carne, el pescado y los productos lácteos) y B2 (nueces, cereales, leche, huevos, vegetales de hoja verde y carnes magras) que las mujeres no vegetarianas, por lo que, en caso de llevar este tipo de dieta, lo aconsejable es que consulten con el ginecólogo desde el principio de la gestación para que les aconseje en cada caso cómo complementar las carencias que pudieran tener.
- En las dietas lacto-ovo-vegetarianas, aunque no toman carne ni pescado, obtienen la mayoría de estos nutrientes necesarios para la salud de la madre y del feto de los lácteos y del huevo. Los niveles de calcio y vitamina D no estarán bajos si se consumen los lácteos suficientes pero si los de vitamina B12 y de hierro.
- Todas las embarazadas sea cuan sea su dieta tendrán que suplementar la dieta con ácido fólico y con yodo; la ingesta diaria recomendada es de 400 microgramos y 200 microgramos, respectivamente.
La vitamina D, que ayuda a la absorción del calcio, también es interesante para las embarazadas, vegetarianas o no. Hay muy pocos alimentos naturales que la contengan, pero se puede obtener a partir de alimentos suplementados, como la leche y sus derivados, y mediante la exposición moderada al sol. Es suficiente con 5 o 15 minutos de exposición solar diaria en la cara, manos y antebrazo para conseguir la cantidad adecuada de vitamina D.
Mejora tus hábitos alimenticios en la gestación.
- Come menos cantidad y más veces al día. Tomar cinco o seis comidas más ligeras al día ayuda a hacer mejor la digestión, evita picos de glucemia y mantiene alimentado al bebé de forma regular y constante.
- Guisa los alimentos de forma sana. Preferiblemente a la plancha, al vapor, al horno o hervido.
- Incluye alimentos integrales como las hortalizas, frutas, legumbres, frutos secos y los cereales y sus derivados integrales.
- Evita las salsas.
- Reduce el consumo de sal.
- Restringe la ingesta de dulces (pasteles, bollería y chocolates), sobre todo industrial, porque se consideran alimentos vacío, carecen de nutrientes necesarios y, sin embargo, contienen alto contenido calórico y gran cantidad de grasas saturadas.
- Limita el consumo de café, té, cola... porque son bebidas que contienen cafeína o teína, sustancias que propician la vasoconstricción. Además, la cafeína disminuye la absorción de hierro y calcio, tan necesarios en el embarazo.
- Hidrátate correctamente. Durante el embarazo se producen una serie de cambios fisiológicos que hacen que se incrementen los requerimientos de agua. De hecho, una mujer embarazada necesita aumentar su ingestión diaria de agua en al menos 300 mililitros con el fin de disponer de la cantidad suficiente para atender la formación del líquido amniótico, el crecimiento del feto y la mayor ingestión de energía que se produce durante el embarazo. El Instituto de Investigación Agua y Salud establece que conviene beber al menos 2,3 litros de agua al día a intervalos regulares cada 4-5 horas. Asimismo, aconseja beber antes de tener sensación de sed, de esta manera se asegurará un óptimo estado de su salud y de la del bebé.
- Lacto-ovo-vegetariana. Las personas que optan por este tipo de dieta consumen cereales, verdura, fruta, legumbres, lácteos y huevos, pero ni carne ni pescado.- Lacto-vegetariana. Excluyen la carne, el pescado y los huevos.
- Vegana. Es la más estricta. En este tipo de alimentación no tiene cabida ningún alimento de origen animal (carne, pescado, huevos, lácteos...)
Las dos variantes más frecuentes son la lacto-ovo-vegetariana y la vegana, aunque también es cierto que últimamente los especialistas se están encontrando con otro tipo de dietas vegetarianas o casi vegetarianas, como las dietas macrobióticas, que se basan principalmente en el consumo de cereales, legumbres y verduras y, en menor medida, frutas, frutos secos y semillas.
Los nutricionistas aseguran que una dieta vegetariana equilibrada y bien planificada puede tener beneficios para la salud (niveles más bajos de colesterol, menor riesgo de cardiopatías, hipertensión y diabetes tipo 2, etc.) pero ha de suplementarse casi siempre para que resulte equilibrada.
El tipo de vegetarianismo más aconsejable es el lacto-ovo-vegetariano debido a su carácter más completo en el consumo de proteínas y otros aminoácidos esenciales como hierro, calcio, vitamina C, D, B12 y B2, nutrientes importantes que en la vegana resultan deficitarios.
Nutrientes fundamentales.
Durante el embarazo se debe aumentar ligeramente la ingesta de energía, pero no más de 300 kilocalorías al día, nada que ver con "comer por dos" como antes se pensaba. Además, se requerirá un incremento de proteínas, minerales (hierro, calcio, zinc, yodo y magnesio) y vitaminas (ácido fólico, vitamina C y vitamina D) con el fin de conseguir un desarrollo fetal óptimo.
- Con la dieta vegana, la ingesta de proteínas está disminuida, porque aunque incluye proteínas de origen vegetal éstas no son de alto valor biológico porque no contienen todos los aminoácidos esenciales. Además, al rechazar los lácteos, el consumo de calcio será insuficiente.
El déficit fundamental de esta dieta se encuentra en la vitamina B12, que no existe en los vegetales. Su carencia produce anemia perniciosa y alteraciones del sistema nervioso, por lo que será imprescindible una vigilancia periódica de los niveles de vitamina B12 y su suplementación en caso necesario.
Así mismo habrá déficits de hierro, de vitamina D, de calcio y de cinc.
Este tipo de vegetarianas también suelen tener niveles más bajos de vitamina C (naranja, kiwi, fresas, pomelo, melón, coles, pimientos, coliflor, peras...), hierro (almejas, berberechos, mejillones, hígado, cereales integrales, judías, maíz, pepino...) , zinc (carne roja, cerdo, cordero, marisco, huevos, lácteos...) vitamina B12 (carne, el pescado y los productos lácteos) y B2 (nueces, cereales, leche, huevos, vegetales de hoja verde y carnes magras) que las mujeres no vegetarianas, por lo que, en caso de llevar este tipo de dieta, lo aconsejable es que consulten con el ginecólogo desde el principio de la gestación para que les aconseje en cada caso cómo complementar las carencias que pudieran tener.
- En las dietas lacto-ovo-vegetarianas, aunque no toman carne ni pescado, obtienen la mayoría de estos nutrientes necesarios para la salud de la madre y del feto de los lácteos y del huevo. Los niveles de calcio y vitamina D no estarán bajos si se consumen los lácteos suficientes pero si los de vitamina B12 y de hierro.
- Todas las embarazadas sea cuan sea su dieta tendrán que suplementar la dieta con ácido fólico y con yodo; la ingesta diaria recomendada es de 400 microgramos y 200 microgramos, respectivamente.
La vitamina D, que ayuda a la absorción del calcio, también es interesante para las embarazadas, vegetarianas o no. Hay muy pocos alimentos naturales que la contengan, pero se puede obtener a partir de alimentos suplementados, como la leche y sus derivados, y mediante la exposición moderada al sol. Es suficiente con 5 o 15 minutos de exposición solar diaria en la cara, manos y antebrazo para conseguir la cantidad adecuada de vitamina D.
Mejora tus hábitos alimenticios en la gestación.
- Come menos cantidad y más veces al día. Tomar cinco o seis comidas más ligeras al día ayuda a hacer mejor la digestión, evita picos de glucemia y mantiene alimentado al bebé de forma regular y constante.
- Guisa los alimentos de forma sana. Preferiblemente a la plancha, al vapor, al horno o hervido.
- Incluye alimentos integrales como las hortalizas, frutas, legumbres, frutos secos y los cereales y sus derivados integrales.
- Evita las salsas.
- Reduce el consumo de sal.
- Restringe la ingesta de dulces (pasteles, bollería y chocolates), sobre todo industrial, porque se consideran alimentos vacío, carecen de nutrientes necesarios y, sin embargo, contienen alto contenido calórico y gran cantidad de grasas saturadas.
- Limita el consumo de café, té, cola... porque son bebidas que contienen cafeína o teína, sustancias que propician la vasoconstricción. Además, la cafeína disminuye la absorción de hierro y calcio, tan necesarios en el embarazo.
- Hidrátate correctamente. Durante el embarazo se producen una serie de cambios fisiológicos que hacen que se incrementen los requerimientos de agua. De hecho, una mujer embarazada necesita aumentar su ingestión diaria de agua en al menos 300 mililitros con el fin de disponer de la cantidad suficiente para atender la formación del líquido amniótico, el crecimiento del feto y la mayor ingestión de energía que se produce durante el embarazo. El Instituto de Investigación Agua y Salud establece que conviene beber al menos 2,3 litros de agua al día a intervalos regulares cada 4-5 horas. Asimismo, aconseja beber antes de tener sensación de sed, de esta manera se asegurará un óptimo estado de su salud y de la del bebé.
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Nuevas recomendaciones sobre el peso durante el embarazo.
Como es bien sabido, el peso que gana una mujer durante la gestación puede afectar a su salud y a la del niño. El Instituto de Medicina de Estados Unidos acaba de hacer públicas las nuevas recomendaciones sobre los kilos que puede engordar una embarazada. El mensaje principal es que si quieres tener un hijo debes de alcanzar un peso saludable antes de la concepción.
Las recomendaciones son:
Las mujeres de peso saludable deben engordar entre 11 y 16 kilos y las que tienen un sobrepeso leve entre 6,8 y 11 kilos durante el embarazo.
¿Qué pasa si no tienes ese peso saludable antes de la concepción?
Pues que estas recomendaciones se endurecen. Para las mujeres obesas con un índice de masa corporal (IMC) superior a 30 pueden ganar sólo entre cinco y nueve kilos durante los meses de embarazo
Las mujeres con bajo peso (IMC inferior a 18,5) y las de peso normal deberían ganar 0,45 kilos a la semana para permitir un desarrollo fetal adecuado durante los dos últimos trimestres. En el caso de gestantes con sobrepeso u obesidad, deberían engordar la mitad.
Hay que buscar siempre peso ideal en todo momento pero sobre todo en el de la gestación .Esto que por ser siempre repetido puede llevarnos al aburrimiento es muy importe sobre todo con la enormes cifras de obesidad que hay ahora mismo en Occidente
Como recordatorio indicar que los niños nacidos de mujeres obesas o que engordan demasiado durante la gestación son más propensos a tener un excesivo tamaño (macrosomía), a nacer mediante cesárea o a tener defectos congénitos. Pero, además, también tienen riesgos a largo plazo como ser obesos o diabéticos.
Así que por tu salud y la de tu bebé sigue las recomendaciones sobre tu dieta para que los dos siempre os encontréis perfectamente.
domingo, 20 de noviembre de 2011
La tripa de los padres también crece durante el embarazo.
Ellas engordan porque tienen una criatura dentro. Ellos, ‘por solidaridad’ hacia sus parejas. Sea como sea, lo cierto es que en el embarazo no son las mujeres las únicas que echan tripa. Una encuesta del Reino Unido acaba de revelar que los futuros padres suelen ganar unos 6,35 kilos de media durante la gestación.
Según el sondeo, los hombres afirman que come más durante ese periodo para que su mujer no se sienta mal con su aumento de peso. El problema es que esta ingesta mayor de calorías procede, fundamentalmente, de productos poco saludables.
Entre los ‘antojos’ más comunes de los futuros progenitores destacan las pizzas, la cerveza, el chocolate y los aperitivos fritos. También se indica que sus parejas femeninas les preparan comidas más abundantes durante el embarazo.
Otro motivo por el cual a los hombres también les crece la barriga es porque en esos nueve meses suelen salir a cenar con sus parejas fuera de casa más que antes. Se acude más a restaurantes y pubs para aprovechar el tiempo antes de que nazca el bebé y les cambie la vida.
La operación Bikini es inexistente ya no hacen nada para perder los kilos que les sobran. Sólo un tercio de los padres se pone a dieta tras el nacimiento del bebé, cosa que sí hacen prácticamente todas las madres.
Además de echar barriga, diversos estudios han demostrado que el embarazo también influye en los hombres, que experimentan cambios de humor, estrés y otros trastornos.
Este estudio también es identificativo para los hombres españoles, de ello doy fe.
Aunque añadiría que esta solidaridad ya empieza en muchas ocasiones algún año antes del embarazo. ¿Verdad Jaime?
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